El recuncho de Tana

Todos necesitamos un lugar propio. Un sitio seguro desde el que asomarnos a esa niebla en la que nos arriesgamos a pescar dulces sueños... o ácidas pesadillas. Éste es el mío.

Nombre: Tana
Ubicación: Zaragoza, Spain

Érase una vez una mujer que buscaba. Encontró la perfección en la combinación de las palabras y el silencio. Y por eso, siempre estaba acompañada de libros. No renegaba de sus rarezas, se complacía en ellas. Era un poco desastre, pero auténtica. Sí, yo soy ella. A veces dura, a veces tierna... siempre imperfecta.

sábado, octubre 22, 2005

Culpables (2ª parte)

Enviaron a la niña de vuelta con su abuela, justo antes de que comenzara el curso. Había que actuar rápido. Si comenzaba sus estudios en el extranjero, tendrían que quedarse; el padre, tan maleable, sería inflexible en ese aspecto.
Fue él el que acompañó a la niña al aeropuerto aquel último día. La madre tenía que trabajar, así que la despidió en casa y se asomó luego a la ventana de la habitación de la pequeña. La habitación estaba empapelada en un elegante papel color crema con grandes rosas de un color muy pálido, y desde ella se veía la entrada del edificio.
La niña estaba parada ante la casa y la miraba. No sonreía, no agitaba la mano, no lloraba... pero su semblante estaba triste y sus ojos la acusaban: "me estás echando... y sé por qué".
Un año mas tarde, la madre consiguió lo que quería: volver al pueblo. Regresó con sus muebles antiguos comprados en el mercado de las pulgas, con su cristalería, su cubertería de plata, sus edredones de plumón de ganso, su cabezal dorado y su armario de seis puertas repleto de ropa de última moda. Regresó, pero sin su marido.
No había trabajo para el padre en el pueblo. Él amaba su trabajo en el Gran Hotel, y amaba París. Y esos dos amores, ganaron el pulso a la mujer... y a la niña.
Pasaron unos años en los que la madre se sintió viuda sin serlo. Con orgullo se arreglaba cada día y se hacía acompañar por la niña a todas partes. Cuando la gente preguntaba por el padre, respondía que estaba bien y que vendría pronto. Entonces se topaba con la mirada acusadora de la niña, que ya no era tan niña; aquella mirada que siempre parecía guardar para ella.
No era desobediente. Jamás contestaba. Era una niña modelo. O lo hubiera sido si no fuera por aquella mirada que decía todo aquello que callaba. Se pasaba las tardes en la habitación leyendo, y cuando no leía, su vista se perdía en un punto lejano, al otro lado de la ventana. ¡Cuánto echaba de menos aquel papel color crema con grandes rosas pálidas!
-Tienes que decirle que he cambiado, que ahora me gusta leer, y la música clásica- dijo la madre entrando en la habitación.
La niña negó con la cabeza. Allí estaba su madre, como siempre, con sus exigencias y sus peticiones vanas.
-¿Dónde está todo el amor que te tenía? ¡Pídele que vuelva!- insistió.
La niña la miró a los ojos y esta vez sólo había pena en ellos.
-Ya lo hice. Hace tiempo -suspiró.- Me dijo que por unos años de mi vida, él no iba a sacrificar el resto de la suya. Que yo me iría cuando creciese... y él tendría que quedarse contigo. No volveré a pedirle nada.
-¡Si no vuelve, la culpa será tuya -dijo la madre desbordada de impotencia y rencor- porque no haces lo suficiente!
-Yo no tendría que hacerle volver si tú no le hubieras echado antes, con tus manías y querer salirte siempre con la tuya. La culpa de que se haya ido es tuya. Sólo tuya. ¿No querías regresar al pueblo? Pues aquí estamos. Aquí estamos... -respondió la niña, que había dejado de ser una niña, girándose de nuevo hacia la ventana.
Llovía.
Y así quedaron siempre sus discusiones: en tablas. Y es que a las dos mujeres, jamás se les ocurrió que el hombre de sus vidas, había tenido la culpa de nada.

Tana Guiance (c)

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9 Comments:

Anonymous Brisa said...

Me ha quedado un sabor muy triste en la mirada... y es qeu a veces a la vida no nos atrevemos a mirarla a los ojos :(

Un besito linda, espero que estes bien, te dejo mi cariño y un abrazo.

4:22 p. m.  
Blogger Portorosa said...

Tana, me ha gustado mucho, pero yo no sé si eres demasiado implacable con ella, con la madre; ¿no hay un trozito bueno que enseñar, en el que apoyarse?. (Mira, no entiendo bien el último párrafo, la última frase; ¿no falta un "no"?. Perdona). Perdona.

Es muy triste. Y si pienso en que pasase de verdad, es insoportable.
Un beso.

12:04 a. m.  
Blogger MrMann said...

A mí también me ha gustado.

Es cierto que las mujeres a veces son así.

P.D.: yo también tengo una hija que tiene una relación casi casi incestuosa (en el sentido más cariñoso del término) conmigo. Pero yo no me largué a París, sino todo lo contrario: renuncié a París por ella.

11:54 a. m.  
Blogger Tana said...

Brisa, hay que mirarlo todo de frente, aunque se nos empañe la mirada. Tranquila, estoy bien; es sólo que los temas "pendientes" no nos dejan descansar como debiéramos. Algún día conseguiré aclararlo todo, espero. Gracias por tus cariños. Sientan tan bien..! :)

Aún podría ser más implacable, Portorosa. Buscaré ese trocito que enseñar, pero no esperes demasiado. De donde no hay, no se puede sacar. Hay madres que sólo han sabido ser carceleras, amas/dueñas, o rivales. Pero todo es soportable, Señor del Pazo. Siempre soportamos más de lo que creemos que podemos; llegados a un punto que parece límite, siempre hay otra vuelta de tuerca que dar, otro poco más que aguantar. Un bico!

No renunciaste a París, MrMann. Sólo lo aplazaste. París seguirá estando en su sitio y tú no te habrás perdido su mirada de adoración, esos años en los que te necesita de verdad. No olvides ensalzarla. Seguro que tiene un montón de defectillos tu niña, como todos, y alguna vez tendrás que hablarle de ellos para intentar corregirla; pero no olvides hablarle también de todo lo estupendo que forma parte de su ser. Porque toda oscuridad va pareja con la luz -algo que es fácil obviar- y necesitamos desesperadamente saber que nuestra porción de hermosura y bondad también está ahí.
Los niños, con su complejo de Edipo y las niñas, con el de Electra, me parecen unas personitas tan tiernas..!!

5:31 p. m.  
Blogger Portorosa said...

"No temáis el miedo", o algo así, les dijo Churchill a los británicos cuando la IIGM se precipitaba hacia su peor momento para todos. Es verdad que lo único que es insoportable es imaginarlo; después, supongo que por suerte, aguantamos.
Un beso.

8:19 p. m.  
Blogger Max Estrella said...

Es un relato muy duro en el fondo y eso que cuenta con las formas suaves con las que cuentas las cosas...hay un síndrome que explica(medicamente,claro)esos ciertos problemas que tienen ciertas madres carceleras...es el sindrome de Munchausen...espero que estés bien...
Bicos

1:32 p. m.  
Anonymous Ernesto said...

Está muy bien escrito, con mano (del alma) maestra. Sabe a destilado lento en alambiques interiores. Huele a verdad (ese olor genuino de la vida, a pelo, sin desodorante). Bellísimo y terrible, contenido, cuidadoso, sin excesos de bisutería verbal, puro diamante minuciosamente tallado: literariamente, perfecto. Un admirable exorcismo (supongo). Conmovido, me quito la cabeza (es que no llevo sombrero).

9:43 p. m.  
Blogger Tana said...

Había oído hablar de ese síndrome, Max, pero lo achacaba sólo a maltratos físicos. Creía que las madres que padecen ese mal, maltratan a sus hijos para llamar ellas la atención, para atenderles devotamente y que todos las admiren. No creo que sea el caso, pero sí me resulta obvio que algún problema psicológico influye en ella. Y es digna de lástima, porque poco a poco se va a ir quedando sola :( y no puede o no quiere entender las razones.

Gracias mil, Ernesto. Me he reído con lo de la cabeza y el sombrero. Me ha recordado a cierta cancioncilla que tarareaba mi abuela y a un patito que perdió la cabeza que... bueno, esa es otra historia ;)

Bicos para todos... y felices sueños!!

12:39 a. m.  
Blogger Omar Muharib said...

Excelente historia Tana; los comentarios y las réplicas tampoco van a la zaga. Un lujo.

12:00 a. m.  

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